“No hay salud, sin salud mental”. Sin embargo, esta afirmación, hecha por la Organización Mundial de la Salud, queda en palabras ante el abandono e indiferencia de la que son objeto las personas con trastornos mentales.

Los gobiernos y la sociedad están lejos de reconocer y entender que la salud mental es crucial para asegurar nuestro bienestar individual, el de la sociedad y de todo el orbe; una problemática que se ha visto agravada en estos tiempos de Covid-19, en los que las cuestiones de salud mental están en auge. Las cifras hablan por sí mismas:

En nuestro país, más de cinco millones de personas sufren algún trastorno mental; esto quiere decir, 7 de cada 10 peruanos. Si volvemos la mirada a todo el planeta, estas alteraciones constituyen el 12,5 % de todas las afecciones de salud, una cifra mayor a la del cáncer y las enfermedades cardiovasculares. Y de seguir la progresión, los expertos calculan que para el año 2030 las dolencias de este tipo serán la principal causa de discapacidad en el mundo.

Las enfermedades más comunes son la depresión y los trastornos de ansiedad. A nivel global, las personas que viven con depresión son más de 300 millones, un problema que entre 2005 y 2015 aumentó 18,4 %. Mientras en Perú, de acuerdo a la Encuesta Poblacional sobre Salud Mental durante la pandemia, realizado por la OPS/Minsa en 2020, 4 de cada 10 personas presentan depresión moderada y severa.

Salud mental desprotegida

El acceso a la salud mental es escaso, entre el 35 % y el 50 % de la población mundial no recibe ningún tratamiento, o no es el apropiado; porcentaje que se incrementa de forma alarmante en nuestro país, basta mencionar que, de acuerdo a los estudios epidemiológicos de salud mental del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado – Hideyo Noguchi (2003-2012), el 69 % de personas con algún trastorno mental en Lima Metropolitana y el Callao no recibe tratamiento, y en Lima rural no es atendido el 93,2 %.

Urge prevenir y evitar los problemas de salud mental con hábitos saludables y seguros, ayuda profesional especializada, y una adecuada atención y tratamiento que mejore nuestra calidad de vida y nos asegure bienestar general, como personas individuales y sociedad.

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